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Christchurch Miami
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Apologética

La Tierra en equilibrio, Parte 2

El pastor Kent mira la temporada de huracanes a la luz de Génesis 6 y el pacto de Dios con Noé, que aseguró un ritmo estable y predecible para las estaciones. Hasta las tormentas, resulta, cumplen un propósito.

Kent Keller martes, 24 de marzo de 2026 5 min de lectura
La Tierra en equilibrio, Parte 2

[Nota: Hace seis meses, en la época del equinoccio de primavera, publiqué La Tierra en equilibrio, donde describía con qué precisión increíble está calibrada la vida en la Tierra para sostener la vida humana. Esta es la continuación de esa idea.]

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Antes de empezar este blog, una pregunta: ¿alguien ha visto mi verano? Estaba aquí hace un ratito. Miré para otro lado un segundo y desapareció. ¿Nadie lo vio?

Pase lo que pase, tengo información de buena fuente de que este martes 22 de septiembre, a las 8:05 PM, el verano se acaba con la llegada del equinoccio de otoño, y empieza la temporada que llaman otoño. En el resto del país, el otoño es cuando la gente espera con ganas el fresquito, las hojas cambiando de color y la temporada de fútbol americano. Aquí en el sur de la Florida esperamos… el fútbol americano, y que se acabe la temporada de huracanes.

Tratando de razonar con la temporada de huracanes*

Mientras escribo esto, ya pasamos el pico de la temporada de huracanes. Aunque el sur de la Florida se ha salvado otra vez este año, sabemos que cuando un huracán pega, deja daños y devastación de los que uno tarda meses —a veces años— en recuperarse.

Los huracanes son como esa pareja de baile que se aparece sin que la inviten, te pisa los pies, se pone una perla tremenda, arma un desorden de aquellos y después te deja limpiando y pagando la cuenta. Para criaturas mal educadas así hay un nombre.

Yo iba a decir “desastre natural.” ¿Tú qué estabas pensando?

No me gustan los huracanes. No me gusta ver a los reporteros amarrados a una palma diciéndonos: “Hagan lo que hagan, NO SALGAN A LA CALLE O SE VAN A MORIR!!!!!” Y mucho menos me gusta quedarme sin luz, sin Internet y sin poder ver las noticias. (Problemas del primer mundo, lo sé.) Pero bueno, ¿y si uno de esos reporteros sale volando y yo me lo pierdo?

Como alguien que ha vivido muchas de estas bestias, incluyendo el huracán Andrew —eso viene con el paquete de vivir en el sur de la Florida—, uno pensaría que no tengo nada bueno que decir de los huracanes. Pero aunque no lo creas, los huracanes sí cumplen una función útil.

De verdad.

¿Qué propósito pueden tener los huracanes más allá de destruir propiedades y arruinar vidas?

Según entiendo, los huracanes en realidad ayudan a regular la temperatura global. Lo hacen absorbiendo el calor del norte de África, transportándolo por el Atlántico en forma de ondas tropicales, depresiones, tormentas y huracanes, y depositando ese calor en algún lugar del hemisferio occidental.

Hablando por mí y por el 99.44 por ciento de los floridanos, que África se quede con todo su condenado calor, muchas gracias. Aquí ya tenemos todo el calor y la humedad que necesitamos. Pero esa es la función que cumplen los huracanes para el planeta. Eso, y ayudar a “regular” (léase: subir) las tarifas del seguro.

Ah, y mandar a los reporteros a correr hacia la palma más cercana.

Un universo ajustado con precisión

Hace unos años tuve el privilegio de contarles a los niños de Kendall Christian School la historia de Noé. Sí, ese Noé, el que construyó el arca gigante y montó a todos los animales para capear una tormenta al lado de la cual un huracán categoría 5 parece un chubasco pasajero. Si no quieres creer que eso pasó, está bien. Pero si en tu manera de ver el mundo hay lugar para lo sobrenatural y lo milagroso, el arca de Noé debería caber ahí sin mucho problema. Todos hemos visto lo que un solo día de aguacero fuerte le puede hacer a una zona; imagínate lo que haría 40 días de lluvia sin parar.

Entre otros aspectos fascinantes de la historia de Noé (que puedes leer en Génesis 6-10), Dios hace un pacto con Noé cuando termina el diluvio. Por su parte, Dios promete, entre otras cosas, no volver a destruir el mundo con un diluvio, algo que la gente de Nueva Inglaterra tal vez puso en duda hace poco durante un par de días. También promete que el mundo siempre funcionará según patrones regulares y predecibles. La noche seguirá al día, y el día a la noche, y así sucesivamente. Las estaciones avanzarán en orden predecible. La primavera dará paso al verano; el verano dará a luz a la temporada de huracanes, que llega a su pico el 9 y 10 de septiembre y va cediendo terreno poco a poco al otoño; el cual dará paso a….

Empieza este martes a las 8:05 PM. Como un reloj. Dios lo prometió, y que yo sepa esa promesa nunca se ha revocado.

Sin adivinanzas en el mecanismo

Hace una vida, yo tocaba guitarra acústica y dirigía la música en varios grupos. Una canción que me encantaba tocar era Carolina in the Pines, de Michael Martin Murphey. Por si no conoces a Michael Martin Murphey (Wildfire; What’s Forever For? Still Taking Chances), búscalo, vale la pena. La segunda estrofa va recorriendo las fases de la luna —luna nueva el catorce, cuarto creciente el veintiuno, luna llena en la última semana— y termina con una línea que nunca se me ha olvidado:

«En el mecanismo del reloj no hay adivinanzas».

Feliz otoño a todos. Puntual, como siempre.

Kent

*Esa línea se la debo al difunto Jimmy Buffett. Por cierto, mi hijo Andrew y yo conocimos a Jimmy una vez, saliendo de un juego del Miami Heat. No pudo haber sido más amable.

Preguntas frecuentes

¿Los huracanes sirven para algo?
Sí. Por mucho que los odiemos aquí en el sur de la Florida, los huracanes en realidad ayudan a regular la temperatura global. Absorben calor del norte de África, lo transportan por el Atlántico en forma de ondas tropicales, depresiones, tormentas y huracanes, y lo depositan por todo el hemisferio occidental. Así que, aunque el daño de una tormenta es real y la recuperación puede tomar meses o años, el sistema climático más amplio del que forma parte es una de las maneras en que el planeta se mantiene habitable. Desde una perspectiva cristiana, vale la pena detenerse en eso. Después del diluvio, Dios hizo un pacto con Noé en Génesis 6-10, prometiendo no volver a destruir la tierra con un diluvio, y prometiendo que el mundo funcionaría según patrones regulares y predecibles: día y noche, verano y otoño, siembra y cosecha. La temporada de huracanes llega a su pico el 9 y 10 de septiembre y va cediendo paso al otoño, como un reloj. La destrucción es real, pero también lo es el orden que hay detrás. El mismo Dios que es soberano sobre la tormenta también es soberano sobre el sistema del que esa tormenta forma parte.
¿Qué le prometió Dios a Noé después del diluvio?
En Génesis 6-10, después de que Noé y su familia salen del arca, Dios hace un pacto con él. Entre otras cosas, Dios promete no volver a destruir el mundo con un diluvio —una promesa que la gente que anda sacando el agua de una inundación de una semana bien podría poner en duda, pero que sigue en pie—. Dios también promete que el mundo seguirá funcionando según patrones regulares y predecibles: la noche seguirá al día, el día seguirá a la noche, y las estaciones avanzarán en orden constante. La primavera dará paso al verano, el verano a la temporada de huracanes, y la temporada de huracanes al otoño, como un reloj. Que sepamos, esa promesa nunca se ha revocado. La constancia de las estaciones es, en sí misma, un testimonio callado de un Creador fiel que cumple su palabra.
¿Cómo apunta a un Creador la regularidad de las estaciones?
El equinoccio de otoño llega en un minuto exacto de un día exacto —8:05 PM del 22 de septiembre— y el mundo sigue girando puntual como reloj. Esa clase de precisión no es cosa del azar. Es exactamente la clase de constancia que Dios le prometió a Noé en Génesis 6-10 después del diluvio: que mientras la tierra exista, no cesarán la siembra ni la siega, el frío ni el calor, el verano ni el invierno, el día ni la noche. Los cristianos reformados ven el ritmo de las estaciones como parte de la gracia común de Dios: una misericordia diaria y predecible que se extiende a todos por igual, creyentes e incrédulos. El engranaje de la creación no es una prueba de la existencia de Dios en el sentido de un debate de club, pero sí es el tipo de diseño constante y fiel que encaja mucho mejor con un Creador personal que con el simple azar. La próxima vez que el otoño llegue puntual, vale la pena notarlo.
KK

Kent Keller

Escritos pastorales del equipo de Christchurch Miami — una familia de fe en misión en Kendall, Miami.

Este artículo fue traducido y editado al español por el equipo de Christchurch Miami con ayuda de inteligencia artificial. El contenido original fue redactado por nuestro equipo pastoral. Si encuentras algo que se pueda mejorar, escríbenos.