Lunes
2026-08-10
La religión de Jay
"Tienen sin duda apariencia de sabiduría, con su afectada devoción, falsa humildad y severo trato del cuerpo, pero de nada sirven frente a los apetitos de la carne."
— Colosenses 2:23
Llegó a la fe ya de adulto, y una de las primeras cosas que leyó fue a Pedro citando Levítico: *sean santos, porque yo soy santo.*
Su reacción fue honesta. *¿Santo? Espérate un momento. ¿Eso es una cosa?* Él sabía que era muchas cosas. Santo no era una de ellas.
Así que hizo lo que hacemos casi todos. Armó una lista. Ir a la iglesia. Ayudar al necesitado. Dejar las noches de viernes que terminaban a las cuatro de la mañana. Era una lista razonable. Hasta era una buena lista.
Y no funcionó. No por vago, sino porque seguía haciendo exactamente lo que ya había decidido no volver a hacer. Le puso *la religión de Jay* — y no podía con la religión de Jay.
Tú también tienes tu lista. A lo mejor no parece religiosa. Tener más paciencia. Estar menos en el teléfono. Ser por fin la persona que ya debería tener esto resuelto. Tú mismo la escribiste, y ahí está el problema — Pablo lo llama devoción que uno mismo se inventa.
Fíjate en lo que Pablo *no* dice. No dice que la lista es muy dura, ni muy floja, ni que te hace falta una mejor. Dice que **de nada sirve** para lo único que la armaste.
Antes de recibir la respuesta, hay que soltar la lista.
Ora
Padre, he estado administrándome a mí mismo en vez de venir a ti. Estoy cansado de una lista que no puedo cumplir. Muéstrame dónde he confiado en mi propio esfuerzo y aflójame las manos. Amén.
Reflexiona
¿Qué hay en tu lista ahora mismo — esa que escribiste tú y que sigues sin cumplir?