Lunes
2026-07-27
Un porqué que puede cargar cualquier qué
"Ahora me alegro en medio de mis sufrimientos por ustedes y voy completando en mí mismo lo que falta de las aflicciones de Cristo, en favor de su cuerpo, que es la iglesia."
— Colosenses 1:24
Pablo está preso, y la palabra que usa es *me alegro.*
No *aguanto.* No *acepto.* Me alegro. Y enseguida dice algo que ha desconcertado a los lectores por dos mil años: que va completando "lo que falta de las aflicciones de Cristo".
No está diciendo que la cruz se quedó corta. Kent tuvo cuidado con esto el domingo, y vale la pena tenerlo: *el sufrimiento de Jesús logró nuestra salvación, punto.* No le faltó nada. Lo que Pablo completa no es el pago por el pecado — es el costo de llevarle la noticia a quien todavía no la ha oído. Alguien tiene que cargarla. Cargarla cuesta.
Viktor Frankl sobrevivió a Auschwitz y salió con una frase que lo sobrevivió a él: una persona puede soportar casi cualquier *qué* mientras tenga un *porqué*. Pablo tenía un porqué. Sus cadenas son la razón por la que se escribieron las cartas — las que estás leyendo ahora mismo.
Casi ninguno de nosotros sufrirá por el nombre de Jesús como sufren esta mañana nuestros hermanos en otros lugares del mundo. Pero todos sufrimos. La pregunta que este pasaje te hace no es si tu dolor tiene sentido en abstracto. Es más estrecha y más difícil: *¿hay algo que Dios podría hacer con esto si yo lo dejo?*
Quizá no escoges el qué. Sí tienes algo que decir sobre el porqué.
Ora
Padre, yo no habría escogido esto. Muéstrame qué estás haciendo con ello y dame un porqué lo bastante grande para cargar el qué.
Reflexiona
¿Qué estás cargando ahora mismo de lo que has tratado de escaparte, en vez de preguntar qué podría hacer Dios por medio de eso?