Lunes
2025-09-08
El árbol que estás trepando
"Jesús llegó a Jericó y comenzó a cruzar la ciudad. Resulta que había allí un hombre llamado Zaqueo, jefe de los recaudadores de impuestos, que era rico. Estaba tratando de ver quién era Jesús, pero la multitud se lo impedía, pues era de baja estatura. Por eso se adelantó corriendo y se subió a un árbol sicómoro para poder verlo, ya que Jesús iba a pasar por allí."
— Lucas 19:1-4
Tom Brady tenía veintisiete años, con tres anillos de Super Bowl, casado con la supermodelo número uno del mundo, y frente a las cámaras preguntó por qué, teniéndolo todo, seguía sintiendo que faltaba algo más grande. "Tiene que haber algo más que esto", dijo. "Ya lo logré. Tengo veintisiete años. ¿Qué más hay?"
Y después: "Ojalá lo supiera."
Así estaba Zaqueo en este pasaje: en la cima de la cima. Jericó era una ciudad de enorme riqueza e influencia. Él no era simplemente adinerado, era el jefe de los recaudadores de impuestos — había subido tan alto como la escalera lo permitía.
Y entonces un hombre adulto se pone a correr. En esa cultura, los hombres respetables no corrían, y mucho menos trepaban árboles. Él hace las dos cosas, en público, delante de la gente que lo odia, porque está así de desesperado.
Puede que tu árbol no sea un sicómoro. Puede que sea el éxito, y llevas toda la vida trepándolo, y te ha costado caro — quizás un matrimonio, quizás la niñez de tus hijos, la que ya no vuelve. Puede que sea el árbol de las relaciones, y has estado buscando a "el o la de ahora" en vez de "el o la de toda la vida". Puede que sea la reputación, y esta es una ciudad que se muere por lucirse: cada vez más gente alquilando carros que cuestan más que su hipoteca, dos horas y media al día pegados al celular.
Trepa cualquiera de esos árboles y te vas a quedar con la boca seca.
Así que contesta con sinceridad esta mañana. ¿Cuál árbol has estado trepando? ¿Y más o menos qué tan alto has llegado?
Ora
Padre, he trepado cosas que me costaron más de lo que me dieron. Muéstrame el árbol en el que estoy ahora mismo, y dame la honestidad para decir en voz alta que no me ha llenado. Amén.
Reflexiona
¿Cuál árbol has estado trepando, y más o menos qué tan alto has llegado?