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Christchurch Miami

Fundamentos (Semana 2)

Hechos a su imagen - Génesis 1:26–2:25 · Recursos

James Drake domingo, 20 de septiembre de 2026 Génesis 1:26-2:25

Bosquejo del sermón

  1. 1

    Esto No Es Como Debería Ser

    Un recuerdo atesorado vuelve del despliegue hecho pedazos. Todos percibimos que el mundo —y a veces nosotros mismos— no somos como deberíamos ser. Génesis 1 y 2 muestra lo que una vez fue y lo que Dios restaurará.

  2. 2

    La Cumbre de la Creación

    El hombre y la mujer son la cumbre del orden creado, hechos a la misma imagen de Dios. «Hagamos al ser humano a nuestra imagen» insinúa la Trinidad y deja pistas que apuntan a la cruz.

  3. 3

    Recibida, No Lograda

    Buscamos identidad en lo que hacemos, lo que tenemos o lo que otros piensan. Pero nuestro valor se recibe, no se logra —como un pelotero libre del miedo en el plato. Solo el Creador puede decir quiénes somos.

  4. 4

    Una Imagen que Llevar, un Trabajo que Hacer

    El señorío es mayordomía —la Gran Comisión del Antiguo Testamento. El trabajo no es una maldición; era bueno antes de la caída. Somos llamados a crear, cultivar y ser bendición para la tierra. Dios mira todo y dice: muy bueno.

  5. 5

    El Regalo del Descanso

    Dios pone el descanso dentro de la creación. Libre de la esclavitud en Egipto, Israel floreció al honrar el día de reposo. James comparte su propia lucha por descansar y cómo aprendió a recibir el día como un regalo, no una obligación.

  6. 6

    La Verdadera Libertad Tiene Límites

    Aun en el paraíso había un límite —el árbol del conocimiento del bien y del mal. La verdadera libertad siempre tiene límites, como los niños libres para jugar mientras se mantengan fuera de la calle.

  7. 7

    Una Ayuda Adecuada para Él

    «No es bueno que el hombre esté solo». Eva es tomada del costado de Adán —la misma imagen, el mismo valor, roles que se complementan. «Esta sí es hueso de mis huesos». El matrimonio —un hombre, una mujer— es el regalo de Dios, establecido antes de la caída.

  8. 8

    De Vuelta a la Cruz

    Adán culpó a su esposa; Jesús rescata a la suya. Adán se quedó pasivo; Jesús protege a su iglesia. El segundo Adán lo hace todo nuevo. Sabemos quiénes somos cuando sabemos de quién somos.

Escritura

Génesis 1:26-2:25

Luego dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes y sobre todos los animales que se arrastran por el suelo». Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios; hombre y mujer los creó. Y Dios los bendijo con estas palabras: «¡Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo y a todos los animales que se arrastran por el suelo!». También les dijo: «Yo les doy de la tierra todas las plantas que producen semilla y todos los árboles que dan fruto con semilla; todo esto les servirá de alimento. Y doy la hierba verde como alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se arrastran por la tierra». Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho y consideró que era muy bueno. Vino la noche y llegó la mañana: ese fue el sexto día. Así quedaron terminados los cielos y la tierra y todo lo que hay en ellos. Al llegar el séptimo día, Dios descansó porque había terminado toda la obra que había emprendido. Dios bendijo el séptimo día y lo santificó porque en ese día descansó de toda su obra creadora. Esta es la historia de la creación de los cielos y la tierra. Dios el Señor hizo la tierra y los cielos. No había ningún arbusto del campo sobre la tierra ni había brotado la hierba, porque Dios el Señor todavía no había hecho llover sobre la tierra ni existía el hombre para que la cultivara. No obstante, de la tierra salía un manantial que regaba toda la superficie del suelo. Y Dios el Señor formó al ser humano del polvo del suelo; entonces sopló en su nariz aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser viviente. Dios el Señor plantó un jardín al oriente del Edén y allí puso al hombre que había formado. Dios el Señor hizo que creciera toda clase de árboles atractivos a la vista y buenos para comer. En medio del jardín hizo crecer el árbol de la vida y también el árbol del conocimiento del bien y del mal. Del Edén nacía un río que regaba el jardín y desde allí se dividía en cuatro ríos menores. El primero se llamaba Pisón y recorría toda la región de Javilá, donde había oro. El oro de esa región era fino; también había allí resina muy buena y piedra de ónice. El segundo se llamaba Guijón, que recorría toda la región de Cus. El tercero se llamaba Tigris, que corría al este de Asiria. El cuarto era el Éufrates. Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara. Dios el Señor le ordenó al hombre: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, sin duda morirás». Luego Dios el Señor dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada». Entonces Dios el Señor formó de la tierra toda ave del cielo y todo animal del campo. Se los llevó al hombre para ver qué nombre les pondría. El hombre les puso nombre a todos los seres vivos y con ese nombre se les conoce. Así el hombre fue poniéndoles nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo. Sin embargo, no se encontró entre ellos la ayuda adecuada para el hombre. Entonces Dios el Señor hizo que el hombre cayera en un sueño profundo y, mientras este dormía, le sacó una costilla y le cerró la herida. De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre, el cual exclamó: «Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará “mujer” porque del hombre fue sacada». Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos llegarán a ser uno solo. En ese tiempo el hombre y la mujer estaban desnudos, pero no se avergonzaban. (Génesis 1:26-2:25, NVI)

La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI® © 1999, 2015 por Biblica, Inc.® Usado con permiso de Biblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.

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