Durante la mayor parte de la historia humana, la gente se ha quedado mirando el cielo de noche y se ha hecho la pregunta más vieja que existe: ¿cómo es Dios? Cada religión, cada filosofía, cada conversación de madrugada es, de alguna manera, un intento de llegar a esa respuesta. Y Pablo, escribiéndole a una iglesia joven en Colosas, nos la da en siete palabras. ¿Cómo es Dios? Mira a Jesús.
Eso es lo que quiere decir Pablo cuando llama a Jesús "la imagen del Dios invisible". La palabra detrás de "imagen" es el griego *icon* —no una copia borrosa ni un bosquejo a la ligera, sino una representación exacta. Cuando quieres saber cómo es el Dios invisible —qué siente por el pobre, el enfermo, el pecador, el marginado, el niño— no tienes que adivinar. Miras a Jesús. Lo ves tocar al leproso. Lo oyes perdonar a la mujer a la que todos los demás querían apedrear. Lo ves llorar frente a una tumba. Eso es Dios, hecho visible.
Después Pablo añade una frase que ha confundido a la gente por siglos: "el primogénito de toda la creación". Al principio suena como si Jesús hubiera sido creado —lo primero que Dios hizo. Pero eso no es lo que "primogénito" significa aquí. En el mundo antiguo el primogénito no era simplemente el hijo mayor; el primogénito ocupaba el lugar de mayor honor, era el heredero, el que llevaba el apellido de la familia. Pablo no está diciendo que Jesús fue hecho primero. Está diciendo que Jesús es primero —primero en rango, primero en gloria, antes de todas las cosas y por encima de todas las cosas.
Así que aquí es donde empieza la semana. No tienes que pasarte la vida preguntándote si Dios está enojado, distante o indiferente. Dios mismo respondió la pregunta, en un rostro que puedes mirar. Si quieres conocer el corazón de Dios este lunes, no mires para adentro, a tus sentimientos, ni para afuera, a tus circunstancias. Mira a Jesús.
Reflexiona
¿Cómo te has imaginado que es Dios, basándote en tu pasado, tu familia o tus miedos? ¿Cómo cambian las cosas al saber que el retrato más verdadero de Dios es el rostro de Jesús?
Ora
Padre, gracias porque no me dejaste adivinando cómo eres. Me lo mostraste en Jesús. Cuando mis miedos o mis fracasos me tienten a imaginarte duro o lejano, vuelve mis ojos a tu Hijo, la imagen del Dios invisible. Déjame verte con claridad hoy. En el nombre de Jesús, amén.