¿Tu vida de oración es falsa? – Mateo 6:9-13
En una cultura obsesionada con la imagen y la apariencia, Jesús nos llama a una oración auténtica que rechaza las prácticas hipócritas de los líderes religiosos que hacían oraciones elaboradas en público para lucirse. Estos “actores” recibían su recompensa en la admiración humana, pero se perdían la conexión genuina con Dios. En cambio, Jesús nos instruye a orar en privado, enfatizando que nuestra vida de oración principal debe ser conversaciones secretas con nuestro Padre celestial, no presentaciones para los demás.
El Padre Nuestro sirve como un modelo que revela tres aspectos cruciales del carácter de Dios. Primero, Dios está cercanamente presente como nuestro Padre, un concepto revolucionario que nos invita a una relación íntima con el Creador. Esta relación de padre e hijo nos da un marco de confianza cuando las circunstancias de la vida no tienen sentido. Segundo, Dios es trascendentemente santo y soberano, digno de nuestro más profundo respeto y de nuestra sumisión a su voluntad. Tercero, Dios provee con gracia para nuestras necesidades diarias y ofrece perdón, aunque ese perdón viene con la condición de que también perdonemos a otros.
La oración auténtica requiere acercarnos a Dios con total honestidad, en lugar de una apariencia espiritual, mantener cuentas cortas por medio de la confesión regular, y recordar que la oración es tanto personal como comunitaria, como parte de la familia de la iglesia. Dios desea una relación genuina más que una actuación religiosa, y nos invita a acercarnos a Él como hijos amados, no como actores con máscaras.
