¿Estás sirviendo al dinero? - Mateo 6:19-24
Nuestra relación con el dinero es profundamente personal y a menudo está moldeada por experiencias pasadas de escasez o por la creencia de que tener más riqueza resolverá nuestros problemas. Sin embargo, Jesús aborda este tema directamente en Mateo 6:19-24, enseñando que los tesoros terrenales son temporales y vulnerables a la destrucción o al robo. El principio clave es que nuestro corazón sigue naturalmente nuestras inversiones: cuando nos enfocamos en acumular riqueza, nuestro corazón se consume con preocupaciones financieras, pero cuando invertimos en el reino de Dios, nuestro corazón se alinea con propósitos eternos.
Jesús usa la metáfora de un ojo sano para describir una vida generosa. Una perspectiva generosa se extiende a todas las áreas de nuestra vida, creando luz y gozo, mientras que la tacañería produce oscuridad e insatisfacción. El problema fundamental no es que el dinero sea malo, sino que cualquier cosa que se convierta en nuestra fuente máxima de seguridad competirá con Dios por nuestra lealtad. Cuando el dinero se convierte en nuestro amo, comenzamos a ver nuestra relación con Dios de manera transaccional.
El evangelio revela la increíble generosidad de Dios hacia nosotros: Él entregó a Su Hijo mientras aún éramos pecadores, sin esperar a que demostráramos ser dignos. Esta generosidad divina debería transformar nuestra manera de vivir, moviéndonos de preguntar “¿cuál es el mínimo que debo hacer?” a “¿cómo puedo usar generosamente lo que Dios me ha confiado?”. Vivir con generosidad significa sostener nuestros recursos con manos abiertas, listos para invertir en el reino de Dios en lugar de acapararlos para nuestra propia seguridad.
