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Christchurch Miami

Fundamentos (Semana 3)

Cuando Todo Se Derrumbó - Génesis 3 · Recursos

Kent Keller domingo, 27 de septiembre de 2026

Bosquejo del sermón

  1. 1

    No todos los caminos se encuentran en la cima de la montaña

    No todas las religiones enseñan lo mismo. Frente a la idea oriental de que «todo es uno», Génesis 3 insiste en que hay un Creador que no somos nosotros —y cuenta la historia de nuestra caída desde la inocencia.

  2. 2

    ¿A quién le creeremos?

    La serpiente, el cínico por excelencia, siembra la duda de tres maneras: tergiversa lo que Dios dijo, apela a la vanidad de Eva y niega rotundamente que Dios dijera en serio lo que dijo.

  3. 3

    ¿Cómo responderemos?

    Eva se deja llevar por sus sentimientos en lugar de los hechos que sabía ciertos —la primera mujer posmoderna, para quien el bien y el mal se han vuelto negociables.

  4. 4

    Pasivo cuando debió actuar

    El hebreo «imaj» dice que Adán estaba ahí mismo con ella. Se quedó callado cuando debió hablar la verdad y guiar —una advertencia para esposos y esposas por igual.

  5. 5

    ¿Qué experimentaremos?

    Sus ojos se abren no a la sabiduría sino a la vergüenza; los buenos regalos de Dios se tuercen, y la muerte entra al mundo en cada dimensión de la vida. Nunca debió ser así.

  6. 6

    Justo detrás, también entra la gracia

    Dios sale a buscar a los que se escondieron, los viste con pieles de animal que anticipan la cruz, y planta el protoevangelio de Génesis 3:15 —el descendiente que le aplastará la cabeza a la serpiente.

  7. 7

    Jesús hizo las maletas rumbo a Belén

    Romanos 5: donde aumentó el pecado, sobreabundó la gracia. El segundo Adán deshace lo que hizo el primero —cuando Adán y Eva dieron aquel primer bocado, Jesús hizo las maletas rumbo a Belén.

Escritura

Génesis 3

La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el Señor había hecho, y le preguntó a la mujer: ―¿Conque Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín? ―Podemos comer del fruto de todos los árboles —respondió la mujer—. Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: «No coman de ese árbol ni lo toquen; de lo contrario, morirán». Pero la serpiente le dijo a la mujer: ―¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que cuando coman de ese árbol se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal. La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, que era atractivo a la vista y que era deseable para adquirir sabiduría; así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, que estaba con ella, y él también comió. En ese momento los ojos de ambos fueron abiertos y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera. Cuando el día comenzó a refrescar, el hombre y la mujer oyeron que Dios el Señor andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles para que Dios no los viera. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: ―¿Dónde estás? El hombre contestó: ―Escuché que andabas por el jardín y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. ―¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? —le preguntó Dios—. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer? Él respondió: ―La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto y yo lo comí. Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer: ―¿Qué es lo que has hecho? ―La serpiente me engañó, y comí —contestó ella. Dios el Señor dijo entonces a la serpiente: «Por causa de lo que has hecho, ¡maldita serás entre todos los animales, tanto domésticos como salvajes! Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le herirás el talón». A la mujer dijo: «Multiplicaré tu sufrimiento en el parto y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará». Al hombre le dijo: «Por cuanto le hiciste caso a tu esposa y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldito será el suelo por tu culpa! Con sufrimiento comerás de él todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres y al polvo volverás». El hombre llamó Eva a su mujer porque ella sería la madre de todo ser viviente. Dios el Señor hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió. Y Dios el Señor dijo: «El ser humano ha llegado a ser como uno de nosotros, pues tiene conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que extienda su mano y también tome del fruto del árbol de la vida, lo coma y viva para siempre». Entonces Dios el Señor expulsó al ser humano del jardín del Edén para que trabajara la tierra de la cual había sido hecho. Luego de expulsarlo, puso al oriente del jardín del Edén a los querubines y una espada ardiente que se movía por todos lados para custodiar el camino que lleva al árbol de la vida. (Génesis 3, NVI)

La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI® © 1999, 2015 por Biblica, Inc.® Usado con permiso de Biblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.

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