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Christchurch Miami
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Apologética

Entendiendo la enseñanza de Jesús sobre la lujuria y el adulterio: un mensaje navideño

En Mateo 5:27-30, Jesús enseña que el adulterio empieza en la mirada, no solo en el acto. Un mensaje de Navidad sobre cómo la gracia, y no las reglas, transforma un corazón atrapado en la lujuria.

Jeff Reed domingo, 14 de diciembre de 2025 6 min de lectura
Entendiendo la enseñanza de Jesús sobre la lujuria y el adulterio: un mensaje navideño

En la temporada de Navidad, muchas veces nos enfocamos en el gozo, la paz y la celebración. Pero a veces la Palabra de Dios nos llama a examinar temas difíciles que desafían nuestro corazón y nuestra mente. En Mateo 5:27-30, Jesús aborda el serio asunto de la lujuria y el adulterio, enseñándonos verdades profundas sobre la naturaleza del pecado y la transformación que Él ofrece.

¿Qué dijo Jesús realmente sobre el adulterio? Jesús comienza haciendo referencia al séptimo mandamiento: “Ustedes han oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’”. Pero luego añade su interpretación autoritativa: “Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer con intención lujuriosa ya cometió adulterio con ella en su corazón”.

Esto no era Jesús aboliendo la ley, sino cumpliéndola. Estaba revelando la verdadera intención detrás de los mandamientos de Dios — proteger la santidad del matrimonio y transformar nuestro corazón de adentro hacia afuera.

¿Por qué Jesús habla con tanta autoridad? Cuando Jesús dice: “Ustedes han oído que se dijo… pero yo les digo”, está haciendo una afirmación contundente. A diferencia de otros maestros que simplemente repetían la tradición, Jesús habla con autoridad divina porque Él es el cumplimiento de la ley. Él dio la ley originalmente, así que tiene el derecho de explicar su significado más profundo.

Los líderes religiosos de su tiempo habían torcido los mandamientos de Dios en meras reglas externas que les permitían justificar su comportamiento. Jesús corta a través de este legalismo para abordar el corazón del asunto.

¿Cuál es la fuente del pecado? Dios nos creó como seres sexuales antes de que el pecado entrara en el mundo. El sexo es el buen regalo de Dios a la humanidad, no un invento de la cultura moderna ni de los medios. El problema no es nuestra sexualidad en sí, sino cómo el pecado ha torcido y corrompido lo que Dios diseñó para bien.

La lujuria representa cualquier deseo legítimo que ha sido perseguido o expresado de manera ilegítima. Como cualquier pecado, toma algo bueno que Dios creó y lo deforma en algo destructivo.

Nuestro corazón: fábrica de ídolos Juan Calvino observó que nuestro corazón es como una fábrica que nunca para de producir ídolos. Tomamos cosas buenas y las convertimos en cosas últimas, permitiéndoles controlarnos y consumirnos en lugar de disfrutarlas como regalos de Dios.

Como lo dijo un escritor: “Mi pecado nunca se siente como pecado para mí. Mi pecado se siente como vida para mí”. Por eso las reglas externas por sí solas no pueden resolver nuestro problema — la transformación tiene que venir desde adentro.

¿Qué tan serio es este asunto? Jesús usa lenguaje impactante para enfatizar la seriedad del pecado: “Si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo… Si tu mano derecha te hace pecar, córtatela”. Aunque está hablando metafóricamente, deja claro un punto crucial sobre la naturaleza mortal del pecado.

Nuestra cultura muchas veces trata el pecado sexual como un chiste o como algo que todos hacen. Pero Jesús revela su verdadero poder destructivo — es como un cáncer que se extiende por nuestra alma, destruyendo matrimonios, familias y ministerios.

Más allá de la lujuria sexual Esta enseñanza se aplica a todas las formas de deseo destructivo. Ya sea adicción al alcohol, a los juegos de azar, a las compras o al materialismo, el principio es el mismo: si no quieres terminar en el lugar equivocado, deja de mirar en esa dirección.

¿Cuál es la solución para el pecado? Las reglas y regulaciones externas no pueden curar problemas internos. La ley puede diagnosticar nuestra condición, pero solo la gracia puede sanarla. Piensa en la ley y la gracia como dos doctores diferentes — uno identifica la enfermedad, el otro provee la cura.

Pasos prácticos para la victoria Aunque no hay fórmula mágica, varios principios pueden ayudar en la batalla contra los deseos pecaminosos:

  • Sé honesto contigo mismo sobre tus luchas
  • Clama a Dios por ayuda para vencer los patrones pecaminosos
  • Encuentra un compañero de rendición de cuentas en quien puedas confiar
  • Cambia tu comportamiento — aléjate de las situaciones tentadoras
  • Pídele a Dios llamados más altos y nobles para reemplazar los deseos destructivos

La clave es que deseos mayores, más positivos y más parecidos a los de Cristo tienen que expulsar a los pecaminosos. No puedes simplemente parar un mal hábito — necesitas algo mejor para reemplazarlo.

¿Y qué pasa con los deseos de Navidad? En esta temporada de regalos, vale la pena examinar nuestras propias listas de deseos. ¿Cuáles son tus deseos más profundos esta Navidad? La mayoría de nosotros no necesitamos más cosas — necesitamos deshacernos de cosas que ya tenemos.

Aunque comprar regalos para los seres queridos es maravilloso, considera si parte de ese dinero podría estar mejor invertido en la obra del Reino. Como advierte el apóstol Juan: “No amen al mundo ni nada de lo que hay en el mundo… El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.

El regalo más grande de todos La buena noticia es que hay más misericordia en Cristo de la que hay pecado en nosotros. La gracia de Dios es mayor que cualquier pecado que podamos cometer. Jesús no vino a avergonzarnos sino a redimir nuestros deseos y a llenarnos con su gozo.

Solo Él es el agua que puede satisfacer nuestra sed y nuestros anhelos más profundos. Este es el regalo más grande que podríamos darle a alguien esta Navidad — el mensaje de esperanza, amor, gozo y paz que se encuentra en Jesucristo.

Aplicación a la vida Esta semana, examina tu corazón con honestidad. ¿Qué deseos te están controlando? ¿Qué estás mirando o persiguiendo que te está alejando de lo mejor que Dios tiene para tu vida? En lugar de tratar simplemente de parar los malos hábitos, pídele a Dios que te dé deseos más altos y nobles que lo honren.

Considera estas preguntas mientras reflexionas sobre este mensaje:

  • ¿Cuál es mi deseo más profundo esta temporada de Navidad — es por más cosas o por más de Jesús?
  • ¿Hay áreas donde estoy tratando de seguir reglas externas en lugar de permitir que Dios transforme mi corazón?
  • ¿Qué pasos prácticos puedo dar esta semana para alejarme de las situaciones tentadoras y acercarme a Cristo?
  • ¿Cómo puedo invertir en cosas que duran para siempre — Dios, su Palabra y las almas de las personas — en lugar de placeres temporales?

Recuerda, seguir a Jesús no se trata de un desempeño perfecto sino de la transformación del corazón. Él ofrece perdón por las fallas pasadas y poder para la victoria futura. La misma gracia que te salvó está disponible para cambiarte de adentro hacia afuera.

Preguntas frecuentes

¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo que mirar a alguien con lujuria ya es adulterio?
En Mateo 5:27-30, Jesús hace referencia al séptimo mandamiento — “No cometerás adulterio” — y luego añade su interpretación autoritativa: “Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer con intención lujuriosa ya cometió adulterio con ella en su corazón”. Jesús no estaba aboliendo la ley; la estaba cumpliendo al exponer la verdadera intención detrás de los mandamientos de Dios. Los líderes religiosos de su día habían reducido los mandatos de Dios a reglas externas que técnicamente podían cumplir mientras seguían albergando pecado en el corazón. Jesús corta a través de ese legalismo para abordar el corazón mismo. El adulterio no empieza en el acto — empieza en la mirada, en la fantasía, en el deseo perseguido en la dirección equivocada. Jesús habla con autoridad divina porque Él dio la ley originalmente y tiene el derecho de explicar su significado más profundo. El punto es que a Dios le importa lo que está pasando dentro de nosotros, no solo nuestro comportamiento exterior. El pecado es un problema del corazón, y solo un corazón transformado — no un cumplimiento de reglas a pura fuerza — puede atenderlo.
¿Por qué Jesús habla de sacarte el ojo o cortarte la mano?
Jesús usa lenguaje deliberadamente impactante — “Si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo… Si tu mano derecha te hace pecar, córtatela” — para enfatizar la seriedad mortal del pecado. Está hablando metafóricamente, no ordenando la auto-mutilación, pero está dejando claro un punto crucial: nuestra cultura trata el pecado sexual como un chiste o como algo que todos hacen, mientras Jesús revela su verdadero poder destructivo. El pecado es como un cáncer que se extiende por nuestra alma, destruyendo matrimonios, familias y ministerios. La metáfora llama a una acción radical y decidida contra las fuentes de tentación en nuestras vidas. Si no quieres terminar en el lugar equivocado, deja de mirar en esa dirección. Aléjate de las situaciones que tientan. Corta las entradas que alimentan el deseo pecaminoso. La metáfora coincide con lo que está en juego — el pecado merece ser tratado con esa clase de urgencia.
¿Cómo vence un cristiano realmente la lujuria y los deseos pecaminosos?
Las reglas y regulaciones externas no pueden curar problemas internos — la ley puede diagnosticar nuestra condición, pero solo la gracia puede sanarla. No hay fórmula mágica, pero varios principios ayudan en la batalla: sé honesto contigo mismo sobre tus luchas, clama a Dios por ayuda, encuentra un compañero de rendición de cuentas en quien puedas confiar, cambia tu comportamiento alejándote de situaciones tentadoras, y pídele a Dios llamados más altos y nobles para reemplazar los deseos destructivos. El principio clave es que no puedes simplemente parar un mal hábito — necesitas algo mejor para reemplazarlo. Deseos mayores, más positivos y más parecidos a los de Cristo tienen que expulsar a los pecaminosos. Juan Calvino observó que nuestro corazón es como una fábrica que nunca para de producir ídolos, tomando cosas buenas que Dios creó y convirtiéndolas en cosas últimas. La cura no es esforzarse más; es la gracia de Dios transformándonos de adentro hacia afuera. Hay más misericordia en Cristo de la que hay pecado en nosotros.
¿Es el sexo en sí mismo pecaminoso según la Biblia?
No. Dios nos creó como seres sexuales antes de que el pecado entrara en el mundo. El sexo es el buen regalo de Dios a la humanidad, no un invento de la cultura moderna ni de los medios. El problema no es nuestra sexualidad en sí, sino cómo el pecado ha torcido y corrompido lo que Dios diseñó para bien. La lujuria representa cualquier deseo legítimo que ha sido perseguido o expresado de manera ilegítima. Como cualquier pecado, toma algo bueno que Dios creó y lo deforma en algo destructivo. La enseñanza de Jesús sobre la lujuria no es anti-sexo — es pro-matrimonio y pro-florecimiento humano. Está protegiendo la santidad del matrimonio y llamando a corazones que honren el regalo que Dios dio. La buena noticia del evangelio es que Jesús no vino a avergonzarnos sino a redimir nuestros deseos y a llenarnos con su gozo. Solo Él es el agua que puede satisfacer nuestra sed y nuestros anhelos más profundos.
JR

Jeff Reed

Escritos pastorales del equipo de Christchurch Miami — una familia de fe en misión en Kendall, Miami.

Este artículo fue traducido y editado al español por el equipo de Christchurch Miami con ayuda de inteligencia artificial. El contenido original fue redactado por nuestro equipo pastoral. Si encuentras algo que se pueda mejorar, escríbenos.