Apologética
Entendiendo a Jesús y la Ley: por qué Cristo vino a cumplir, no a abolir
En un mundo donde la moral cambia con la cultura, Jesús hace una declaración radical en Mateo 5:17-20 — no vino a abolir la ley de Dios, sino a cumplirla por completo. Eso cambia cómo obedecemos hoy.
En un mundo donde los estándares morales parecen cambiar con las tendencias culturales y las preferencias personales, Jesús hace una declaración impactante en Mateo 5:17-20. Él no vino a abolir la ley de Dios sino a cumplirla por completo. Este pasaje revela verdades profundas sobre la autoridad divina, la justicia humana y nuestra desesperada necesidad de un Salvador.
¿Qué significa que Jesús cumplió la Ley?
Cuando Jesús declara que vino a cumplir la ley, está haciendo una afirmación extraordinaria. La palabra “cumplir” significa completar, llenar lo que ya había sido ordenado divinamente. Esto no se trata de añadir ni alterar los mandatos de Dios — se trata de realizar perfectamente cada aspecto de la Palabra inmutable de Dios.
La crisis de autoridad en la cultura moderna
Nuestra sociedad sufre una profunda pérdida de confianza en los estándares morales absolutos. Sin fundamentos divinos, los sistemas humanos se desploman en el relativismo donde “mi verdad” y “tu verdad” supuestamente pueden coexistir a pesar de ser mutuamente incompatibles. Esto lleva al caos donde el bien y el mal fluctúan según los caprichos de la sociedad o los sentimientos personales.
Jesús confronta esta crisis al afirmar que la base absoluta para la verdad, la ley y la moral se encuentra en la ley eterna de Dios. Ignoramos o desestimamos esto bajo nuestro propio riesgo.
Tres maneras en que Jesús cumplió la Ley
Jesús cumplió cada faceta de la ley de Dios en tres formas distintas:
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La Ley Moral: obedeció perfectamente los Diez Mandamientos en palabra, hecho y pensamiento — la única persona que lo ha hecho.
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La Ley Ceremonial: se convirtió en el verdadero cordero de la Pascua y en el sacrificio final del Día de la Expiación, el mismísimo tabernáculo donde Dios habita con la humanidad.
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La Ley Judicial: le rindió a Dios la justicia perfecta que la teocracia de Israel nunca pudo producir.
¿Por qué importa hoy la ley de Dios?
La naturaleza eterna de la Ley
Jesús enfatiza que “hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una sola letra ni una sola tilde de la ley desaparecerá hasta que todo se haya cumplido”. Esto afirma la inerrancia verbal de la Escritura — cada parte permanece, cada palabra, cada tiempo verbal, cada forma sigue siendo divinamente inspirada y autoritativa.
La Biblia encaja eternamente en cada era porque es la Palabra perfecta e infalible de Dios. Se mantiene como el estándar inmutable por el cual todo lo demás se mide. El mundo se resiste a conformarse a la Escritura no porque el mundo evolucione más allá de ella, sino porque la Escritura permanece inmutablemente opuesta a la rebelión del mundo contra Dios.
El peligro de la obediencia selectiva
Jesús advierte contra “relajar” aun el más pequeño de sus mandamientos. Esto significa aflojar, anular o dejar de lado los estándares de Dios. La obediencia selectiva es rebelión disfrazada — una erosión silenciosa de la autoridad divina.
Muchos se acercan a la Biblia como una máquina expendedora espiritual, metiendo problemas y sacando versículos consoladores mientras evitan los pasajes que desafían o convencen. Este enfoque trata la Escritura como comida reconfortante en lugar de someterse a su autoridad total e inquebrantable.
¿Qué pasa con nuestra justicia?
El estándar imposible
Jesús da un golpe devastador a la auto-justicia: “A menos que la justicia de ustedes supere la de los escribas y los fariseos, no entrarán en el reino de los cielos”. Los escribas y los fariseos eran conocidos por su meticulosa observancia externa — incluso diezmaban sus condimentos grano por grano.
Si estos expertos religiosos se quedaban cortos, ¿quién podría posiblemente entrar al reino de Dios?
El regalo de la justicia imputada
Aquí es donde el evangelio brilla con más fuerza. La justicia que necesitamos no se puede alcanzar por esfuerzo humano — debe recibirse como un regalo. La obediencia perfecta de Cristo se nos imputa solo por medio de la fe. No nos ganamos el camino a Dios; recibimos su justicia soberanamente.
La ley nunca fue diseñada como una escalera para la auto-salvación. Sirve como un espejo que nos muestra dónde está la suciedad espiritual en nuestra cara. Pero, gracias a Dios — Jesús es el único que lava esa suciedad.
¿Cómo debemos responder a la ley de Dios?
Hónrala fielmente
Como seguidores de Cristo, estamos llamados a sostener sus mandamientos sin relajarlos ni racionalizarlos. Esta obediencia fiel no fluye del esfuerzo propio sino de corazones agradecidos que descansan en la justicia ya recibida.
No obedecemos por miedo — obedecemos por gratitud por lo que Cristo ya ha logrado por nosotros.
Evita el error del fariseo
Los fariseos cometieron el error fatal de confiar en su propia justicia. Como el fariseo en la parábola de Jesús que se jactaba de sus logros religiosos, se perdieron el punto por completo. Mientras tanto, el recaudador de impuestos que simplemente clamó: “Dios, ten misericordia de mí, que soy pecador”, se fue a su casa justificado.
El rigor externo sin regeneración interior es pretensión y farsa. Lo que se necesita es una justicia ajena y perfecta que ningún esfuerzo humano puede producir.
Aplicación a la vida
Esta semana, examina tu relación con la Palabra de Dios. ¿Te estás acercando a la Escritura con plena sumisión a su autoridad, o estás escogiendo versículos que consuelan mientras evitas los que desafían?
Considera leer un capítulo “incómodo” de la Biblia esta semana — quizás un pasaje que normalmente te haga removerte. Permite que la Palabra de Dios arranque de raíz lo que debe morir en tu vida para que el verdadero crecimiento espiritual pueda florecer.
Recuerda que el Evangelio no es un plan de mejoramiento personal — es un certificado de defunción para uno mismo. Las partes de la Escritura que ofenden tu sensibilidad probablemente están apuntando a tus pecados secretos y a las áreas donde más necesitas crecer.
Preguntas para reflexionar:
¿Estoy tratando la Palabra de Dios como la autoridad máxima en mi vida, o escojo cuáles mandamientos obedecer a mi antojo?
¿Dónde podría estar practicando una “obediencia selectiva” que en realidad es rebelión disfrazada?
¿Estoy descansando en la justicia de Cristo para mi salvación, o todavía estoy tratando de ganarme la aprobación de Dios con mis propios esfuerzos?
¿Cómo puedo cultivar un corazón de obediencia agradecida en lugar de un seguimiento temeroso de las reglas?
La ley nos apunta a nuestra desesperada necesidad de Jesús. En Él, encontramos no solo perdón por nuestras fallas, sino la justicia perfecta que nunca pudimos alcanzar por nuestra cuenta. Esta es la esperanza del Adviento — Cristo ha venido a cumplir lo que nosotros nunca pudimos lograr, y viene otra vez para completar su obra perfecta.
Preguntas frecuentes
¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo que vino a cumplir la ley?
¿Sigue siendo relevante la ley del Antiguo Testamento para los cristianos?
¿Qué es la obediencia selectiva y por qué es peligrosa?
¿Cómo puede mi justicia superar la de los fariseos?
¿Qué es la justicia imputada?
Escritos pastorales del equipo de Christchurch Miami — una familia de fe en misión en Kendall, Miami.
Este artículo fue traducido y editado al español por el equipo de Christchurch Miami con ayuda de inteligencia artificial. El contenido original fue redactado por nuestro equipo pastoral. Si encuentras algo que se pueda mejorar, escríbenos.